Club Ciclo-Gastronómico SANCHO PANZA
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¡¡¡ Tres Sancho Panzas en Whistler !!!

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    25/07/2009

    Datos de la Ruta

    Muchos Kilómetros solo para abajo...

    Asistencia:

    Pablo, Mauri, Tony y Antonio

    Narración

    Miércoles 22 de julio del 2009, el vuelo hacia Seattle sale en un par de horas y la maleta aun no está acabada. Hay que darle un repasito, vamos a hacer cosas muy variadas y nada de lo importante se debe olvidar. Nos espera una experiencia que tiene pinta de ser difícilmente olvidable.

    ¡¡¡ Tres Sancho Panzas - y un paquetín- en Whistler, la meca del descenso !!!.

    Nos esperan 8 horas de vuelo hasta Nueva York, un enlace corto de un par de horas, y otras 6 horas aproximadamente hasta Seattle, pero, teniendo en cuenta lo que vamos a hacer una vez lleguemos allí, la paliza del viaje no va a ser un problema.
    Aeropuerto, avión, más aeropuerto, más avión y por fin llegamos a Tacoma, el aeropuerto de Seattle. Coche de alquiler y dirección al Monte Rainier donde estaremos pateándonos el Parque Natural un par de días, pero, esa crónica, la dejamos para la parte montañera del grupo.
    El viernes a mediodía terminamos nuestras caminatas y cogemos el coche con dirección a Vancouver. Como buenos Sanchopanceros decidimos hacer una paradita para reponer fuerzas en uno de esos típicos restaurantes americanos y, para seguir cumpliendo ritos, pedimos 4 T-Bones, es decir, chuletones con hueso en forma de "T"- tamaño contundente. Lo único q sobró fue el tomate y las cosas esas verdes del plato que deben poner para adornar... ah, bueno, y el hueso

    T-Bone
    Vuelta al coche y unas cuantas horas de camino hasta llegar a Vancouver, donde íbamos a dormir. Del viaje tan solo destacar que los americanos siguen siendo un mundo aparte y si no, fijaros en el coche que adelantamos por el camino. Los tópicos se mantienen.Americanada
    De la vida nocturna de Vancouver solo diré por escrito que dedicamos un buen rato a conocerla ;-) que promete, y mucho, y que mantengo lo que digo desde que fui por primera vez a Vancouver hace unos años: es uno de los sitios del mundo donde sí que me iría a vivir.

    marchaborrachera?
    Nos fuimos a dormir no demasiado tarde por aquello de que al día siguiente había que estar en pie prontito, a eso de las 7 de la mañana, para coger el coche e ir hasta Whistler, un par de horas de carretera aproximadamente, y luego aprovechar el día al máximo en el mejor BikePark del mundo. Todos teníamos una sensación extraña en el estómago, unos un cosquilleo por la emoción y otros por los efectos secundarios del Bombay Sapphire con tónicaLaughing
    Desayunamos en la cervecería irlandesa que había junto al hotel y tras un rulo por la ciudad -cortesía de Pablito y su habilidad para despistarse en cualquier sitio- cogimos la autopista. El camino ya prometía, los paisajes mejoraban según nos alejábamos de la ciudad. La carretera estaba en obras en algún tramo por que el año próximo es olímpico aquí, así que tardamos algo más de lo deseado en llegar.
    En el camino vimos una pared vertical de roca pegada a la carretera donde había unos cuantos haciendo escalada. ¡¡Que güevos!!, solo pensar en estar ahí arriba colgado y ya se me ponen los pelos como escarpias. Eso sí, al que le guste la escalada, tiene que disfrutar en esta zona como un enano.

    Whistler
    Por fin, llegamos al pueblo de Whistler, buscamos el comienzo de la estación, y vamos primero a BlackComb, una estación anexa que han unido con unas cabinas que van de una cumbre a otra. Visto desde abajo impresiona la idea de ir colgado a esas alturas de un cable, aunque las vistas tienen que ser realmente impresionantes. Aquí tenemos a Mauri con su primera foto en la zona de recepción de BlackComb, no se aprecia muy bien, pero la sonrisa de satisfacción le llega de oreja a oreja.
    Esta es la plaza de acceso al primer telesilla de Whistler. Desde que aparcas el coche ya se vive un ambiente que enseguida te hace sentir que estás en un sitio especial. En el mismo parking nos cambiamos, nos ponemos el maillot sanchopancero -el culote no va a ser necesario-, unas zapatillas de suela lo más rígida posible sin automáticos, un pantalón cómodo y las gafas de sol, imprescindibles, y salimos pitando para alquilar todo lo necesario. La organización de este sitio está súper pensada, las cosas funcionan de forma muy similar a una estación de esquí.

    Estación Esquítienda alquiler bicis
    Después de coger un forfait de día completo nos dirigimos hacia la zona de alquiler de bicis de la propia estación. Mauri saluda a un tío "holaaaaa" y pasa de él, hay algo raro en el saludo pero no se da cuenta de qué. Entramos, y empezamos a charlar de las bicis y el material en inglés con un francés que kurraba allí cuando entra un tío con barbas y nos dice "Vosotros sois españoles, ¿no?". "Pues sí, un poco". Se lo ha olido al oírnos hablar pero como nos ha saludado y algún "borde despistado" ha casi pasado de él, pues nos ha dejado seguir sin más. Mauri, con la emoción que llevaba en el cuerpo, ni le sonó extraño que alguien le hablará en español en Canadá y resulta que, el chaval este, de los madriles, kurraba allí, en el alquiler de material y como monitor de descenso... desde luego las cosas empezaban con muy buen pie.
    Este chico, Javi, nos contó que habían sacado un bono de forfait, material y clases que salía además más barato que pillar solo forfait y material por separado, así que, no nos lo pensamos mucho, cambiamos el forfait con su ayuda y cogimos el bono de día completo. He de decir desde ya que fue, sin duda, todo un acierto. Whistler es enorme y, si no te la conoces bien, no la disfrutas como se merece. Hay decenas de caminos y es muy fácil saltarte de una a otro y no lograr hacer una ruta predefinida así que, recomendación para quién vaya para allá alguna vez, contratad lo del monitor, disfrutaréis muchísimo más y, además, podréis aprender técnicas interesantes.
    A partir de ahí, comienza la locura: elección de cascos integrales, protecciones para brazos y piernas y bici, unas pedazo de Konas Stab Supreme que por lo visto valían alrededor de 6000 €.

    más tiendaprotecciones
    Una vez equipados y con las instrucciones básicas sobre la estación nos dirigimos hacia la salida de los telesillas, por ir con profe, nos saltábamos la cola de acceso, así se aprovechaba aun más el día porqué, aunque no había demasiada gente, algo sí que había que esperar hasta volver a subir.
    Los telesillas tenían su truco, no por subirte tú, claro, si no por montar las bicis en los enganches adaptados para ellas. Algún pequeño percance hubo a lo largo del día, pero nada digno de destacar. Os pongo un par de fotos del ‘invento'.

    telesilla
    Una vez arriba comenzamos bajando por unas pistas verdes para irnos familiarizando con la bici. La clasificación de colores es similar a la del esquí: verde, azul, negra y negra doble diamante. Os adelanto que solo bajamos por verdes y azules y algún tramito de negra. Las negras y dobles diamantes son palabras mayores, tienes que controlar mucho para tirarte por allí y disfrutarlas.
    Upper & Lower EZ Does It, upper B-Line, Golden Triangle, Ho Chi Min, Duffman y, para mi gusto, las mejores: Ninja Cougar, Blue Velvet y Karate Monkey.
    Capítulo especial para las Konas, son las únicas bicis de descenso o Down Hill que he probado pero lo de estas cosas es IMPRESIONANTE. Se lo tragan absolutamente todo: escalones, raíces, piedras, roderas, etc. etc. Yo no soy especialmente hábil en el descenso y, con estos cacharros pasé por sitios que nunca me hubiera imaginado. Recuerdo una bajada por terreno pedregoso y con muchos baches, muy rápida, en la que me encontré de repente con un reguero que cruzaba el camino, a la velocidad a la que iba era impensable el frenar, así que intenté saltarlo pero, lo cierto, es que ya estaba pensando hacia dónde y cómo era la mejor forma de caer, me lo comía fijo y, en efecto, me lo comí, pero la suspensión de la Kona absorbió todo el impacto y salí indemne. Mi hombro seguiría entero si hubiera llevado una de estas en aquella bajada de Los Santos
    Durante todo el día el que más disfrutó fue, sin duda, Mauri, iba absolutamente entusiasmado. Pablo y yo nos lo pasamos estupendamente, toda una experiencia y Antonio, que tras añor sin montar nada y como poseedor de una bici de ‘dos cifras' made in Alcampo creo que también disfrutó de la jornada, aunque tocará tierra en alguna ocasión. He de decir que se portó como un campeón, no me esperaba yo que la cosa fuera tan completa ni que rindiera así de bien.

    antes de uno de los dencensos
    Otro de los aciertos del día fue aceptar la propuesta de grabarnos con una helmet-cam que llevaba el profe, Javi, y que, por supuesto, al final del día, compramos el vídeo, así que tenemos más de una hora de vídeo de buena calidad para que quién quiera pueda hacerse una idea de cómo era aquello aunque, os adelanto, que, como suele ocurrir, ni el vídeo, ni las fotos, hacen honor a la realidad.
    Fueron unas 6 horas de bajadas continuas con paraditas cada rato para descansar, explicarnos el siguiente tramo y técnicas básicas de descenso. Tramos rápidos y botosos, lentos y muy técnicos llenos de raíces y piedras, estrechos entre árboles, anchos y abiertos, con saltos grandes, muy peraltados, contraperaltados, senderos de madera... en fin, absolutamente de todo tipo. Mis favoritos, los técnicos no tan rápidos.

    astronautas
    Paramos para comer y descansar un rato arriba del todo, en una zona más tranquila, y también con un ambiente estupendo. Había habido conciertos durante la mañana, pistas de volley-playa y un glaciar más arriba donde aún se podía esquiar algo.
    Después de las primeras bajadas, empezamos a notar, y mucho, el cansancio. Las piernas, sin problema, total, apenas habíamos dado alguna pedalada durante la mañana, pero, los brazos y las manos muy cansados. Mauri lo llevaba bien, pero mis manos se quedaban completamente anquilosadas en cada tramo, tenía que cogerme los dedos de la mano izquierda con la derecha y estirarlos, se quedaban con la forma del manillar y sin fuerza para sujetarlo, así que empecé a bajar más despacio y con cuidado, la caída podía llegar en cualquier momento. Tras una parada abajo me recuperé un poco y fue entonces cuando Pablo se empezó a venir abajo. Nos hicimos unas fotos de despedida y recuerdo con Javi, su horario de trabajo terminaba, así que tras despedirnos y agradecerle su ayuda y buen rollo volvimos a subirnos para hacer quizá la última bajada, esta ya, solos.

    al final del día
    Intentamos disfrutarla todo lo posible, todo hacía pensar que ya no habría más. Volvimos a bajar por pistas que ya conocíamos de bajadas anteriores, nombres de caminos que siempre nos recordarán a Whistler, nos lo pasamos de nuevo, genial pero, una vez abajo, decidimos que, para rematar el día, había que disfrutar también del ambiente, y las cervezas, de las terrazas de la estación y dicho, y hecho. Devolvimos en material, encargamos los vídeos y nos fuimos a por las cerves.
    La verdad es que fue un dignísimo colofón a una jornada inolvidable: nachos con queso de dos palmos de diámetro; cerveza local

    nachos con quesocerceza Kokanee
    Y un servicio de calidad inigualable Laughing

    pedazo rubia¡Cómo está el servicio!
    Hay más fotos, muchas más fotos que, desde luego, merecen la pena ser vistas, pero que se reservan para foros más privados que el web de los Sancho Panzas Wink
    Con cierto grado de ‘perjuicio' por las diferentes rondas de Kokanee, volvimos al coche para regresar a dormir a Seattle. Unas cuantas horas de carretera nos esperaban pero, desde luego, el día había sido inolvidable.
    Los planes para el próximo viaje a Whistler están ya en marcha, hay que volver allí y dedicarle más de un día para conocer todos los caminos y ¡¡¡todos los garitos!!!.